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Nadie teme desentonar cuando canta acompañado

hace 1 hora
6 min de lectura

El más reciente evento de la serie “Conciertos al fresco” que presenta el Museo de Arte de Puerto Rico se convirtió en un aplauso musical para el amor. Acompáñanos en esta crónica que documenta lo que allí se vivió. 


Público disfruta del homenaje a José José durante los “Conciertos al fresco” en el Jardín Escultórico del Museo de Arte de Puerto Rico.
Desde julio se celebran en el Jardín Escultórico del Museo de Arte de Puerto Rico los “Conciertos al fresco”. La edición más reciente rindió homenaje a José José.

Los puertorriqueños mantienen un largo romance con la música, ella convoca y ellos asisten. Y si para escucharla se agrega un hermoso espacio al aire libre como es el Jardín Escultórico del Museo de Arte de Puerto Rico (MAPR), además de la libertad de sentarte donde quieras y con quien quieras, la velada promete ser gratificante. 


Eso proponía el tercer espectáculo del ciclo de “Conciertos al fresco” que desde el pasado julio presenta el museo santurcino para relacionarse de un modo diferente con la comunidad: fuera de sus salas de arte. El cantante Gabriel Cotto y su agrupación, lideraron una presentación que se dividió entre famosos boleros del ayer, seguidos de un tributo musical al Príncipe de la Canción, el mexicano José José.


Pautado para las seis de la tarde, el público comenzó a llegar al evento antes de las cinco para aprovechar el área de estacionamiento del edificio. Quienes venían procedentes de sus trabajos se desprendían de sus tarjetas de identificación para entrar en modo festivo. Quienes venían de sus casas lucían cómodos y listos para disfrutar de la brisa nocturna luego de un día caluroso. Todos cargaban sus sillitas de playa.


Las áreas verdes del jardín comenzaron a poblarse antes de que se apagara el sol. Había grupos de amigos, vecinos, compañeros de trabajo, familiares y hasta personas solas a las que nada les complacería más que relajarse al aire libre. Los saludos y abrazos alegres se multiplicaban. De las neveritas con rueditas, las tradicionales o en forma de mochilas salían botellas de vino, de sangría o champán. “Se me quedaron las copas, ¡saquen los Yeti!”, informaba una mujer a su grupo. No faltaron las copas de cristal o plásticas entre otros núcleos de asistentes. “¡Bomba!”, se escuchaba como celebración cada vez que había descorche.


Personas de distintas edades disfrutan de un concierto al aire libre en el Jardín Escultórico del Museo de Arte de Puerto Rico.
Público de distintas edades y perfiles participó de la actividad, reflejo del interés y la necesidad de contar con más eventos culturales al aire libre en la capital.

En varios kioskos se vendía picadera, comida y bebida. Algunos grupos acomodaban mantas para sentarse o armar un picnic nocturno, de ahí que hubiese envases plásticos de los que salían sándwiches de mezcla, frutas, galletas, dips o chips. Un grupo mostraba su experiencia al iluminar los bordes de su manta con una guirnalda de luces navideñas; pragmatismo en su máxima expresión para cuando cayera la noche.


La prueba de sonido en la tarima aumentaba la expectación y propiciaba la confraternización entre el público que lo mismo se saludaba, actualizaba a vuelo de pájaro sus asuntos personales o extendía invitaciones para un chinchorreo o una pastelada en agenda. Dominaban las canas entre la audiencia, si bien había representantes de varias generaciones; desde una joven de cabello azul hasta su contraparte setentona con melena de un rojo imposible. “Nos quedan unos diez años de estar nítidos, hay que hacer”, exhortaba una mujer a sus compañeros. Algunos parecían auténticamente felices tras quitarse los zapatos para sentir la grama bajo sus pies descalzos. 


–Siempre fuiste la razón de mi existir –cantaba Cotto y ella respondía: “ese fue el problema”. –Adorarte para mí fue religión –agregaba él desde la tarima iluminada y ella confirmaba, “eso también”. —Frases que se escuchaban entre el público 

El público aumentaba y ya no quedaban zonas verdes libres. Las escalinatas del edificio histórico frente al estanque servían de gradas cuando arrancó el espectáculo tras el saludo de la anfitriona, María Cristina Gaztambide, directora ejecutiva del MAPR. 


¿QUIÉN SE SABE ESTA CANCIÓN?


El cayeyano Gabriel Cotto interactuaba con el público entre canción y canción. Comenzó la primera parte del concierto con “Piel canela”, un clásico de Bobby Capó que fue aprobado por la audiencia. “Hay que empezar con música nuestra. A Puerto Rico y al mundo les hace falta buena música para olvidar un poquito todo lo fuerte que sucede”, expresó el intérprete. Cuando cantó “Sabor a mí”, una mujer lanzó burbujas de jabón al aire desde la comodidad de su sillita de playa. Algunas parejas se aventuraron a bailar “boleros de una loseta”. 


“Solamente una vez” y “Bésame mucho” fueron coreados por el público, para celebrar el bolero “Inolvidable”, algunos ondulaban varitas de luces fosforescentes. Las esculturas del jardín parecían unirse al jolgorio con su iluminación roja o azul. El cantante tanteó la procedencia del público porque, además de los sanjuaneros, había representantes de Trujillo Alto, Carolina, Bayamón, Humacao o Isabela, entre otros pueblos. 


El cantante Gabriel Cotto interpreta boleros junto a su agrupación durante un homenaje musical a José José en el MAPR.
El cantante Gabriel Cotto y su agrupación presentaron una selección de boleros y dedicaron un segmento completo al repertorio de José José.

 “Historia de un amor” fue la próxima canción y ciertos versos tocaron la fibra emocional de una mujer que repasaba un amor fallido. 


Siempre fuiste la razón de mi existir –cantaba Cotto y ella respondía: “ese fue el problema”. 


Adorarte para mí fue religión –agregaba él desde la tarima iluminada y ella confirmaba, “eso también”.


El cantante invitó a la cidreña, Johanna Centeno, a cantar a dúo el tema “Para decir adiós” que resultó muy bien recibido. “Sin ti” fue el siguiente bolero de la noche. Tras terminarlo, el intérprete quiso indagar en las razones del público para asistir al evento; estaban los fanáticos de José José, los que siempre votarán por una buena bohemia y los que asistieron “¡por salir de casa!”, según revelaban a viva voz. 


Para cerrar la primera parte, Cotto presentó su versión del clásico, “A mí manera”, que fue celebrado por el público que ya se impacientaba, querían cantar los éxitos de José José. Poco después fueron complacidos.


Pareja comparte durante una noche de boleros en el Jardín Escultórico del Museo de Arte de Puerto Rico.
Parejas, grupos de amistades, familias y personas que llegaron solas ocuparon el jardín con sus sillas de playa, picnics y ganas de cantar.

“BUSCA LA NAVAJA”


La segunda parte de la presentación arrancó con “El triste”, uno de los temas más exigentes entre el repertorio del mexicano, y Cotto logró que la audiencia le acompañara de principio a fin. Fue premiado con aplausos. “Qué responsabilidad tan grande, como José José no hay ninguno”, dijo agradecido.


Lo que siguió fue una cadena de éxitos que detonaban suspiros y bromas por amores viejos, renovados y nuevos. Más de una vez las linternas de los celulares fueron encendidas y elevadas por manos bailarinas en un arrebato de nostalgia. El clima cooperaba, la brisa corría.


El inicio de la canción “Si me dejas ahora” llegó acompañado de comentarios como “Busca la navaja”, “Esa era la que yo quería” o “Ahora voy yo”, como anticipo al olvido de la timidez para cantar a todo pulmón. Nadie teme desentonar cuando canta acompañado. “La nave del olvido” levantó a algunos que prefirieron implorar de pie a su amor para que esperara “un poquito más” y “Gavilán o paloma” impulsó el recuento de galanes que alguna vez “fueron por lana y salieron trasquilaos” en una relación.  


Cauteloso de que el concierto no solo se centrara en el cancionero cortavenas del mexicano, Cotto interpretó “Buenos días, amor”. Llegó luego “40 y 20”, tema que encendió la picardía al opinar cómo cambian los parámetros amorosos cuando se dejan atrás ambas décadas. Con solo escuchar los acordes iniciales de “Almohada”, ya algunos cantaban “amor como el nuestro, no hay dos en la vida”. Muchos declaraban negarse a correr la suerte del enamorado quejumbroso en “Volcán”, quien resignado lamenta que tras ser tormenta y tornado, “soy un volcán apagado”. La noche también lucía apropiada para hacer distinciones en la jerarquía del amor luego de la canción, “El amar y el querer”.


Asistentes ocupan el Jardín Escultórico del MAPR durante un concierto que integra música, encuentro comunitario y disfrute al aire libre.
La serie de conciertos busca transformar la manera en que el museo santurcino se relaciona con su comunidad y propone la visita al MAPR como una experiencia cultural amplia, más allá de sus salas de exposición.

“Lo pasado pasado” fue el éxito idóneo para cerrar el concierto. Las emociones estaban en ebullición, la disposición para complacer a José José, quien pedía “un aplauso para el amor”, era absoluta. 


La música lo hacía de nuevo, rendía a sus pies a una muchedumbre delirante que cuando llegó el silencio, no encontraba ni qué hacer, ni cómo irse. La noche había sido perfecta.


Fotos / Suministradas / MAPR

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