El Museo de Las Américas presenta la obra del pintor, dibujante y profesor con una abarcadora exposición retrospectiva.
Por Tatiana Pérez Rivera :: Oenegé
Esta es la primera muestra retrospectiva del artista quien se enamoró del arte
en la Universidad de Puerto Rico, de donde se graduó en el 1967.
Le parecen nietos. Los dibujos, las acuarelas y pinturas que conforman su exhibición, “La abstracción del paisaje: retrospectiva”, en el Museo de Las Américas, se le presentan al artista Carmelo Fontánez Cortijo como si fueran sus descendientes que se reencuentran en un gran junte familiar. El encuentro es significativo ya que se trata de su primera retrospectiva y va en grande: reúne 140 piezas trabajadas a lo largo de 60 años. La muestra se exhibe actualmente en la sala 3 del espacio situado en el Cuartel de Ballajá, en el Viejo San Juan.
La exposición reúne una selección de 140 piezas realizadas a lo largo de seis décadas de labor.
“Me siento muy feliz, muy contento, es como ver a todos tus nietos juntos y distingues ‘mira qué grande estás, te vi chiquitito’. Es verlos en conjunto, dialogando entre ellos, las pinturas, los dibujos, las cajitas, los bocetos que haces sin pretensión, porque tienes la plumilla en la mano y estás mirando algo y no quieres que se te olvide o es la expresión de la persona que significa algo para ti y tratas de captarla. Son diferentes momentos y al ver a todos estos muchachos juntos me siento bien feliz. También el aprecio de la gente que se ha acercado o ha colaborado para que esto suceda ha sido bien especial”, señala Fontánez en su pausado estilo de hablar.
La exposición cuenta con textos monográficos de la historiadora del arte, la profesora Teresa Tió; el artista Rafael Trelles; y el crítico de arte, José David Miranda. Un programa de actividades ha sido diseñado para acompañarla y la publicación de un libro está en agenda. En la sala se exhibe un vídeo dirigido por Juan Carlos García.
El pintor, dibujante y profesor que ha exhibido de forma individual y colectiva en innumerables ocasiones, asegura que las experiencias de vida dictan los tonos y las formas en sus piezas.
|
"Tenemos mucho colorido interno, emocional e intelectual".
Carmelo Fontánez
Artista
|
“Yo trabajo las pinturas sin bocetos, no hago estudios preliminares, voy directamente al color. Yo dejo que lo que surja me sorprenda y que no esté planificado, lo que pasó es el instante. Estudio mucho la naturaleza porque soy del campo, de padres agricultores, de buscar agua en el río, de buscar leña, de pescar, aprendí a bregar con la tierra, siempre he tenido una relación muy íntima con el paisaje. Y cuando uno nace en el campo, el paisaje no es algo que tú miras allá, estás dentro, es una vivencia, te quieres tirar en el charco, trepar en el árbol como tus amiguitos. Ese árbol, esa sombra, cuando ves la hoja de malanga y por la mañana tiene una gotita de agua que mueves, el paisaje se ha incrustado en ti porque lo caminas y lo vives”, puntualiza.
“Entonces, cuando tú pintas, todo eso está ahí acumulado y brota”, resume.
Fontánez opina que el color es el denominador común en el país y armoniza con el paisaje, con la forma en que nos vestimos y nos arreglamos.
A juicio del artista el colorido paisaje puertorriqueño es una de sus mayores fuentes
de inspiración, sobre todo por su intensa presencia en todo lo cotidiano.
“Tenemos mucho colorido interno, emocional e intelectual. Cuando estudiamos arte tomamos clases de teoría del color, pero como nosotros vivimos con el color es aburrida, pero yo tuve un gran maestro en la Universidad, don Félix Bonilla Norat, que era todo lo contrario”, dice sobre su querido profesor de quien nunca olvida que entró al salón por la ventana el primer día de clases. Fontánez culminó un bachillerato en Bellas Artes en la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras en el 1967.
“Allí descubrí el arte, me matriculé en todas las clases de arte y me enamoré del arte”, recuerda el artista que luego completó una maestría en la Universidad de Nueva York y trabajó como maestro de arte en grados elementales, superiores y universitarios en Puerto Rico.
“Lo mismo que pasa en tu interior con el paisaje sucede cuando haces un gesto, una forma, tiene que ver con cuando vemos el mar, la espuma, los reflejos en el lago, todas esas cosas las tenemos dentro. El movimiento, el color, el olor, esas experiencias las acumulamos y aparecen cuando trabajas”, dice sobre su equipaje creativo.
ANTE EL LIENZO
Actualmente, Fontánez trabaja desde su taller en Caimito y participa de la agenda
de recorridos guiados del Museo de las Américas.
Al pintar sus características formas orgánicas, el pincel de Fontánez filtra en el lienzo sus experiencias: las buenas y las malas.
“Uno pasa por diferentes etapas en la vida, alegría porque tu equipo ganó o duelo por la pérdida de un ser querido. A veces lo pasas, pero no desaparece, se queda en tu espíritu, surge de nuevo y vuelve el repaso de lo que sentiste. En esta sala hay diferentes estados anímicos. Cuando entras ves los dibujos llenos de textura, los escogió José David (Miranda) y no impuse criterio. La parte de la pintura fue con Tere Tió, amablemente fue a mi casa, seleccionó las obras y Laura Galván, que me representa, también tiró su mirada. El vídeo que se muestra en la sala establece una relación entre mi paisaje y mi casa con la pintura. Todos ejercen su criterio de lo que ven en mi obra”, señala sobre el aspecto curatorial.
El Museo de Las Américas está ubicado en el Cuartel
de Ballajá en el Viejo San Juan.
Fontánez trabaja en su taller en Caimito “con paciencia, con amor y sin prisa”, concentrado en su comunicación con el lienzo. ¿Pinta todos los días?
“No, porque de qué me alimento. Necesito salir, viajar, ver otros artistas, respirar, si sigo pintando todos los días es como el abuelo que solo ve a su nieto y le parece el más inteligente. Tengo qué nutrirme. Hay momentos de silencio como en la música y en mi caso tienen que ver con mirar el paisaje, escuchar música, no te digo con bailar porque no sé”, revela entre risas.
El artista tiene dos hijos Sariel del Carmen y Lariel, y una nieta, “muy talentosa y le encanta el arte, la gran Lía”. “Ellos aprecian mucho mi trabajo, el esfuerzo y lo comprenden”, declara agradecido.
A lo largo de su carrera pasó por un periodo azul y ha explorado los rojos, los anaranjados y los amarillos “que son difíciles” por el inmediato cambio al contacto con otros tonos.
“Si fuera a pintar un cuadro ahora no sabría qué color seleccionaría”, confiesa, “se trata de no tener un esquema fijo de lo que quiero si no de dejarme guiar por la intuición, que muchas veces la descartamos. La intuición se desarrolla en la medida en que se lo permites y yo trato de que fluya, pero eso requiere confianza”.
“Y luego de ver esta sala llena de obras me dan deseos de salir corriendo a pintar. El deseo de trabajar no se me ha quitado. Yo sigo por ahí, hasta que sea”, asegura el artista de 80 años.
Antes de despedirse, Fontánez comparte la dicha de recibir la atención de tantos colegas en ocasión de esta muestra y de empleados en el Museo de Las Américas.
“Tengo que darle crédito al Museo. Dios mío, necesitan más apoyo porque hacen una labor extraordinaria, pero para sostenerse económicamente es difícil. Me invitaron y me sentí motivado, dije ‘lo que haya que hacer lo hacemos’. Lo que ves en esta sala ha sido la confabulación de muchas personas, ha sido un trabajo tremendo del equipo”, cierra la charla antes de atender al público que lo identifica como el creador de las obras en sala y quiere felicitarlo.
Fotos / Javier del Valle
Programa
Miércoles, 18 de marzo / 6:00 p.m.
Presentación del documental: “Nunca me fui, Carmelo Fontánez, un artista caribeño”, dirigido por Juan Carlos García Padilla.
Conversatorio con los artistas Carmelo Fontánez y Lope Max, moderado por Nick Quijano
Miércoles, 8 de abril / 6:00 p.m.
Recorrido guiado con los artistas Carmelo Fontánez y Rafael Trelles
Miércoles, 20 de mayo / 6:00 p.m.
Recorrido guiado con la curadora Teresa Tió y el artista Carmelo Fontánez
Domingo, 28 de junio / 6:00 p.m. CASA ABIERTA
Recorrido guiado con el artista Carmelo Fontánez
