La Consulta Juvenil XII 2022-2024 de ASSMCA revela el aumento en el número de féminas adolescentes que consumen alcohol y marihuana. La Alianza para un Puerto Rico sin Drogas comparte recomendaciones para detener el patrón.

Por Tatiana Pérez Rivera :: Oenegé


El tema de la salud mental es un asunto recurrente en la búsqueda de las motivaciones
para el uso de sustancias entre la juventud.

La Consulta Juvenil XII 2022-2024 arrojó que las adolescentes entre séptimo a duodécimo grado aumentaron su consumo de alcohol y marihuana e incluso utilizan más los vaporizadores que los varones. El análisis que desde el 1990 comisiona la Administración de Servicios de Salud Mental y contra la Adicción (ASSMCA) incluyó en esta ocasión a 7,356 estudiantes como base final de la muestra ponderada para proyectar el universo de 207,012 alumnos, según los totales de matrícula reportados por el Departamento de Educación y el Consejo de Educación Superior.

La sustancia más utilizada por los estudiantes de séptimo a duodécimo grado en el año anterior a la encuesta fue el alcohol (34.0%), seguido por la marihuana (8.8%) y el tabaco (6.0%). La prevalencia de uso de tabaco en el último año fue mayor entre varones, mientras que la prevalencia de uso de alcohol y marihuana fue mayor entre féminas.

A la licenciada Katiana Pérez, directora ejecutiva de la Alianza para un Puerto Rico sin Drogas, no le sorprende.

“En el estudio anterior ya habíamos visto cómo las féminas comenzaban a sobrepasar a los varones en el uso de sustancias; ni es nuevo ni es solo en Puerto Rico, lo estamos viendo a nivel mundial. Responde a muchos factores y nosotros hemos estado trabajando los de riesgo y protección. Desde el 2003 se empezó a ver una tendencia de cómo las féminas iban alcanzando a los varones”, explica el escenario.

"Ni es nuevo ni es sólo en Puerto Rico, lo estamos viendo a nivel mundial. Responde a muchos factores y nosotros hemos estado trabajando los de riesgo y protección. Desde el 2003 se empezó a ver una tendencia de cómo las féminas iban alcanzando a los varones".
Katiana Pérez
Alianza para un
Puerto Rico sin drogas

La brecha se cierra, mayormente, como consecuencia natural de los cambios sociales. Pérez destaca además los múltiples cambios de roles de la mujer que se han suscitado desde la generación baby boomer en adelante; de solamente salir con chaperones a ser independientes. El consumo de bebida femenino pasó del estigma y el escándalo a la aceptación social en espacios que ya son libremente frecuentados por todos. 

Sin embargo, el trabajo de prevención de la Alianza “no hace separación” y va dirigido por igual a niños y jóvenes de ambos sexos. “Para nosotros todo el mundo está en riesgo”, indica Pérez.

“Al remediar un problema como este el enfoque de prevención tiene que ser mayor. Tenemos que seguir haciendo programas que abordan temas tan importantes como la autoestima, la presión social, las relaciones saludables, que trabajen el trauma y la regulación emocional, que incluyan educación sobre consentimiento y violencia. Todos estos temas son importantes que se cubran en los talleres. La prevención no es meramente dar un taller informativo, tiene que ser un programa que incluya, por lo menos, cinco sesiones que aborden estos temas, que tengan intervenciones como las nuestras basadas en evidencia”, señala Pérez. 

La Alianza utiliza el Modelo de habilidades para la vida propuesto por la Organización Mundial de la Salud y el Modelo positivo de la juventud.  

¿LOS POR QUÉ TRAS LA BEBIDA?


En los talleres que gestiona la Alianza para un Puerto Rico Sin Drogas el foco es la prevención
y no se hace distinción específica entre féminas y varones, por entender que todos están en riesgo.

La salud mental podría tener un rol clave en los tempranos patrones de bebida. 

Según la Consulta Juvenil XII 2022-2024, el trastorno de salud mental más frecuente entre los adolescentes en las dos semanas antes de la encuesta fueron problemas de ansiedad (13.2%) y el 7.9% presentó síntomas severos de depresión en dicho periodo. Aproximadamente el 7.0% de los estudiantes informaron ideación suicida durante el año anterior a la encuesta y 1 de cada 10 (9.1%) intentó suicidarse.

Al comparar con los varones, las féminas mostraron sintomatologías más altas en ambos trastornos. Los estudiantes de octavo y noveno grado mostraron prevalencias más altas de problemas de ansiedad y depresión al comparar con alumnos de otros grados.

Pérez, de la Alianza, agrega traumas como vivir la violencia doméstica en el seno familiar y enumera otros que se suman. 

“El que ha vivido eso, incluso en etapas bien tempranas de su vida, carga con ese trauma, las violencias en los noviazgos no son nada nuevo, ni los problemas de abuso sexual, que en Puerto Rico son más de los que quisiéramos tener; todo esto aumenta ese riesgo de uso temprano y progresión más rápida hacia la dependencia en las mujeres. Es una forma de afrontar ese trauma que están viviendo, para manejar situaciones que afectan la salud mental. Es un escape”, puntualiza Pérez.

“No se puede tratar el consumo si no se va a tratar una depresión, una ansiedad, un trauma. En la Alianza trabajamos junto a los sicólogos escolares, los trabajadores sociales, los maestros del grupo, con los directores de la escuela porque si se trabaja de una forma comunitaria, con herramientas a los padres para trabajar con los jóvenes, los esfuerzos pueden tener más éxito”, propone.

Durante su trabajo de prevención, han notado que las féminas tienden a ser más privadas en términos de su uso de sustancias controladas. Los temas que los jóvenes identifican como sus prioridades en los talleres son: presión de grupo, traumas por muerte familiar o situaciones en el hogar y ansiedad vinculada al acoso escolar. 

“Los programas de prevención son importantes, aportan al bienestar de nuestros menores. Lo que queremos es que puedan utilizar las herramientas que les damos a la hora de ellos tener que tomar una decisión en términos de uso de sustancias, que se pregunten ‘¿por qué estoy haciendo esto?’. Muchas veces no podrán identificar específicamente un por qué, pero sí que hay algo mal”.  

Pérez insiste en la comunicación abierta. “Es bien importante que los padres estén presentes en las vidas de sus hijos, que los escuchemos más de lo que hablamos y ver con quién están compartiendo. No podemos normalizar el tema de las drogas, está bien que tú quieras ser el mejor amigo de tu hijo, pero tu rol más importante es el de ser padre. Ningún mejor amigo va a amar más a su hijo que el padre”, recuerda Pérez.

Aquí lees la Consulta Juvenil XII

Y aquí puedes obtener más información sobre los programas de la Alianza para un Puerto Rico sin Drogas: https://alianzaprsindrogas.com.

Fotos / Suministradas

Web Analytics