Este educador ha enseñado a más de 3,000 niños a amar la música y considera que mientras más pequeño sea el alumno, mejor. 

Por Tatiana Pérez Rivera :: Oenegé


Jorge Camacho ha trabajado con unos 3 mil niños y niñas a lo largo de
su vasta trayectoria en la educación musical.

Porque luego de 42 años puede darse el gusto de regresar a sus pensamientos iniciales, Jorge Camacho analiza la pregunta en silencio: ¿Pensó que la Rondalla de Humacao iba a durar tanto tiempo y a formar tantos músicos en Puerto Rico?

Hace una pausa y responde: “La contestación es no”.

Es sincero Camacho porque cuando te cuenta la historia de la Rondalla de Humacao y la escuela de música que le precedió meses antes en el 1984, te percatas de que su intención primordial era que los niños entre cuatro y 10 años aprendieran música y a tocar, especialmente, el cuatro. El éxito de sus alumnos -incluidos aquellos con discapacidades que van desde falta de audición, de visión, Síndrome Down o autismo- y del sistema musical que creó -inspirado por el Método Suzuki-, llegaron por añadidura. Súmale que entre sus exalumnos figuran músicos profesionales como la cuatrista Fabiola Méndez o los sinfónicos Miguel Rivera Ramírez, percusionista, y Boinael Oms, violinista.

“Hay que tratar de robarse el corazón de los niños y llegar a su subconsciente para trabajar con ellos y ganárselos, esa empatía hay que tratar de lograrla con mucho amor". 
Jorge Camacho
Fundador de la Rondalla
de Humacao 

“Fue en el 1984 y por pura casualidad”, comienza Camacho el viaje al pasado. 

“Cuando abrí la escuela no tenía en mente nada de rondallas ni de conjuntos de cuerdas, simplemente era para dar clases de música para los niños desde los tres años porque esa área estaba descubierta. Yo trabajé en varias escuelas en San Juan y siempre se les ofrecían clases a niños grandes, jóvenes y adultos. Cuando me estaba graduando de mi bachillerato en Música en la Universidad de Puerto Rico, vino al Teatro de la universidad el Dr. Shinichi Suzuki con unos niñitos japoneses a dar un concierto. Cuando yo vi eso dije ‘caramba, por qué no podemos hacer lo mismo para el cuatro puertorriqueño’ y me dirigí a esa área. Jamás pensé hacer la Rondalla”, rememora una vivencia marcada por el creador de la metodología de enseñanza musical infantil. 


Integrantes de diversas edades de la Rondalla de Humacao aguardan su turno para
salir a escena durante la pasada celebración del 40 aniversario de la institución musical.

Camacho acudió a la UPR con la meta de estudiar Derecho. Completó un bachillerato en Ciencias Sociales y también en Música, porque era el área con la que más se había familiarizado en su Yabucoa natal, donde ingresó en la banda escolar en la que tocaba instrumentos de vientos, para luego interesarse en la guitarra. Cuando aprobó el examen de ingreso a la Escuela de Derecho de la UPR, sus recursos económicos habían menguado. “Dije ‘déjame montar la escuela y con eso me pago los estudios, pero me quedé en la música”, cuenta quien ya dominaba guitarra, cuatro, bajo y piano. 

En el casco urbano Humacao estableció la escuela porque resultaba céntrica para los pueblos limítrofes. La bautizó Instituto Musical de Humacao, “un nombre grande, pero el único maestro era yo”. “Después recluté más maestros y añadí clases de técnica vocal y batería”, dice.

TAN PEQUEÑO, ¿PUEDE TOCAR?


A juicio del educador, la música no es sólo una herramienta educativa y cultural, sino una
herramienta poderosa para enfrentar los retos de la vida. Aquí algunos de
los adolescentes que integran la rondalla.

La falta de oportunidades musicales privadas para niños entre los tres y 11 años -su estudiantado ideal- convirtió su centro musical en un espacio favorecido por la comunidad. Hace poco decidió hacer un conteo junto a Evelyn Rosa, su esposa y coordinadora de la Rondalla, y han atendido a más de 3,000 niños de toda la isla. 

“Esas son las mejores edades para moldear a los estudiantes, me gusta más trabajar con niños, aparte de que el niño desarrolla mejor el oído y las destrezas motoras son más fácil de moldearlas. Tengo muchos estudiantes que tienen oído perfecto, el niño escucha cualquier nota en un instrumento y te la puede decir sin tener que mirarla. Y eso, menos de la mitad de los músicos de la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico pueden hacerlo. Cuando tu empiezas pequeñito, ese oído puede lograrlo y sirve para reconfirmar que todo lo que se está tocando está correcto”, advierte sobre esa población agraciada.


Uno de los aspectos que más llama la atención de los espectáculos de la rondalla es la capacidad
de los más pequeños de demostrar su dominio del instrumento.

Camacho ha mantenido una sabia relación con los estudiantes infantiles. Sabe que algunos “entran a la clase intimidados con el apego que tienen a los papás y otros llegan con el deseo de aprender”. 

“Hay que tratar de robarse el corazón de los niños y llegar a su subconsciente para trabajar con ellos y ganárselos, esa empatía hay que tratar de lograrla con mucho amor, mucha ternura y uno a veces tiene que vestirse medio de payaso, medio de Santa Claus. Te diría que con el 90%, o un poquito más, nunca he tenido problemas”, señala.

Como ya es costumbre en los pasados cuatro años, en el Concierto de Reyes de la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico participó uno de sus alumnos, un niño de cuatro años que tocó como solista: Diego Negrón, de San Lorenzo. “Los niños pueden desenvolverse muy bien en esos escenarios, hay que enseñarles y confiar”, recomienda.

Camacho no se duerme en los laureles. Anda en busca de alguien que comparta su vocación, que siga sus pasos para extender la vida de la escuela de música, la Rondalla de Humacao y los conjuntos especiales.

“Tengo que ser realista, tengo 71 años, y mientras tenga salud voy a seguir, pero hay que empezar a trabajar eso. Mis hijos todos aprendieron a tocar, pero se dedicaron a otras profesiones. Tengo varios discípulos buenos y yo espero pasarle el batón a uno de ellos”.

Con orgullo Camacho comparte que de los siete estudiantes puertorriqueños que han ingresado a la Universidad de Berkley, en Boston, “cuatro son de nosotros, incluyendo a Fabiola Méndez”.


La reconocida cuatrista Fabiola Méndez es una de las alumnas destacadas y hoy día una
respetada profesional del instrumento a nivel internacional.

“Si me preguntas cuál ha sido mi más grande satisfacción dentro de todos estos años yo te diría que ha sido haber desarrollado la primera rondalla en un residencial público, Padre Rivera en Humacao. Y mi segunda gran satisfacción es que estuve 12 años dando clases en Vieques, donde no había un solo cuatrista, -solo había dos o tres guitarristas- y ahora hay un semillero de cuatristas allí. ¡Suena el cuatro en Vieques! Ahí graduamos a casi 70 estudiantes que ahora les enseñan a otros”, dice satisfecho.

El experto ha superado la docena de charlas en el Conservatorio de Música de Puerto Rico y en las universidades de Puerto Rico e Interamericana, sobre técnicas para la enseñanza musical de niños. 

“Voy un año y se pierde, se queda en el aire. En el Conservatorio debe haber un programa de enseñanza de música para los niños. Muchos maestros pudieran estar viviendo de esto porque yo he vivido mucho mejor de lo que me imaginé. Tengo estudiantes de Estados Unidos online y se cobra bien, los estudiantes universitarios podrían estar beneficiándose de eso. En la escuela tenemos estudiantes de Peñuelas, de Toa Alta, de Aguadilla, de Rincón, de Comerío, de diferentes puntos de la isla, porque han visto que esto sí funciona, puedes aprender a tocar un instrumento”, puntualiza confiado en su proyecto musical.

Para conocer más sobre sus actividades y cursos, visita la página de Facebook @rondalladehumacao.

Foto / Javier del Valle

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