Casos que han cobrado notoriedad en la prensa han reconfigurado la noción de este delito entre los puertorriqueños. Esto sabemos hoy.
Por Tatiana Pérez Rivera :: Oenegé
Ante el alza en las denuncias y documentación pública de casos de maltrato infantil,
urge entender y profundizar en el tema de la trata humana y su impacto tanto
en la niñez como en la sociedad en pleno.
Los tiempos en que pensábamos que la trata humana ocurría en cualquier parte del mundo excepto en Puerto Rico quedaron en el pasado. Diversos casos reseñados por la prensa en los últimos años han ampliado la comprensión de las implicaciones de este delito tipificado por los artículos 159 y 160 del Código Penal de Puerto Rico. Extranjeros que son mantenidos en situación de esclavitud, turismo sexual que involucra a menores de edad, personas retenidas a la fuerza en condiciones precarias han saltado a la luz pública en nuestro país. Es momento de revisitar el tema y conocer su alcance local.
El Protocolo de las Naciones Unidas para prevenir, reprimir y sancionar la trata de personas, especialmente mujeres y niños, define el problema como la captación, traslado, transporte, acogida o recepción de una persona utilizando violencia, amenaza, engaño, rapto, fuerza, abuso de poder y de vulnerabilidad u otros elementos de coacción, con el fin de someterla a explotación y lucrarse con su actividad. Cualquier persona puede convertirse en una víctima.
Por las pasadas dos décadas, los doctores César Rey -exsecretario del Departamento de Educación- y Luisa Hernández Angueira, han trabajado un estudio cualitativo sobre el tema. Apoyados por estudiantes de la Escuela de Administración Pública y de las facultades de Derecho y de Ciencias Sociales de la Universidad de Puerto Rico (UPR) en Río Piedras, la investigación multidisciplinaria ha abarcado aspectos psicológicos, económicos y de política pública de esta práctica en Puerto Rico. Han publicado tres libros sobre el tema y ya trabajan el cuarto.
“Se ha logrado muchísimo desde el punto de vista de educación, pero desgraciadamente todavía no hay una política pública articulada entre las agencias”, señala Rey.
“El Departamento de Educación tiene estadísticas de deserción con nombre y apellido que no necesariamente corresponden a las que tiene el Departamento de la Familia en términos de niños que viven en hogares sustitutos, ni a las que tiene Justicia o Corrección sobre niños desertores que han incurrido en actos criminales”, expone.
Rey menciona en la misma oración “niños” y “puntos de drogas”, gracias a las dramáticas cifras que ha recopilado. “Casi el 90% de los jóvenes desertores que nosotros entrevistamos durante estos años, que son más de 260, son desertores escolares de séptimo, octavo y noveno grado, y se emplean en los puntos de drogas porque tienen una multiplicidad de trabajos, de estímulos económicos, de apariencia en términos de quién es el bravo de la comunidad, y son muy bien remunerados. Son jóvenes que casi en su totalidad son pobres, había uno de 14 años, gatillero, que recibía $200 por ejecutar personas”, expone Rey.
Tras su investigación informa que en la isla hay unos 1,500 puntos de drogas que generan $1,500 millones en ventas; la economía subterránea produce en el país más de $3,000 millones.
Para el estudioso de la trata humana, el reto principal para encararla en la isla es que no existe “una política pública articulada con la que el gobierno tenga una fotografía precisa de cuál es el problema”.
“Hemos abordado unos seis gobernadores y todos coinciden en la gravedad del problema. Los legisladores en su totalidad han auspiciado legislación para ir trabajando desde el Código Civil, hasta políticas particulares sobre menores en el Departamento de la Familia, pero no avanza la comunicación que puedan tener las agencias entre sí para atajar el problema porque cada una tiene un protocolo distinto”, sostiene Rey.
Como ejemplo comparte los esfuerzos del Recinto de Ciencias Médicas de la UPR para alertar a los médicos sobre las implicaciones de la trata humana, “porque es a una sala de emergencia a donde llegaría una niña que ha sido violada”. “Si no se identifica adecuadamente desde el punto de vista médico y social, quién la acompaña, en qué condiciones y a qué hora llega, no adelantamos. Hay unos protocolos internacionales que determinan cómo uno pude identificar posible trata humana, posible explotación, que es más común de lo que los puertorriqueños piensan”, sostiene.
NADIE SE LIBRA
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“Se ha logrado muchísimo desde el punto de vista de educación, pero desgraciadamente todavía no hay una política pública articulada entre las agencias”. César Rey
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Como parte de su análisis, Rey ha comprobado que en Puerto Rico existe trata humana que involucra a migrantes, adultos mayores, turismo sexual con menores, - “un negocio que se ha agravado por el uso de las redes luego de la pandemia”, dice-, y ha habido casos de encarcelamientos o de uso de menores de edad en robos, entre otros.
Al gobierno se le complica impulsar uno de los remedios de la situación, que es la educación, ya que implicaría hablar de respetar las identidades sexuales, concienciar sobre los riesgos de tener sexo a temprana edad y relaciones íntimas sin protección, entre otros temas.
“Estos elementos podrían confligir con ciertos sectores e iglesias. El sexo se convierte en tabú y se trata con eufemismos, no se aborda de manera precisa y educativa, se piensa que se tiene que hacer en otro momento. Hablar de condones y anticonceptivos es problemático, ¡hay discusiones del siglo XIX en pleno siglo XXI! Al final, lo que se sucede es que se aprende en la calle”, asegura.
Legisladores que impulsen la agenda se arriesgan a no tener salvación política para el siguiente ciclo electoral. “Luego de un acto soberbio que salga en las primeras planas, la atención sobre la trata humana se diluye”, lamenta Rey.
Lo que no debería ocurrir, ya que la trata de personas no desaparece: en Estados Unidos más de 200,000 menores son víctimas de este delito y, en el mundo, casi un millón de personas son traficadas.
¿Qué podemos hacer? Educación y prevención son las alternativas inmediatas.
Rey indica que desde los cuatro años se puede trabajar el tema de respeto al cuerpo con la lectura y se debe vigilar el uso de los medios de comunicación y el celular, que define como “el elemento más perverso con entrada en la integridad de los menores” si no hay supervisión. Recomienda ofrecer a los padres y encargados mentorías sobre el tema para reconocer las señales.
“No decaigo en esto, seguimos estudiando la trata humana. He dado múltiples talleres en escuelas y las comunidades se tienen que abrir a entender esta realidad, aunque todavía haya cierta resistencia e incredulidad”, puntualiza Rey.
ORGANIZACIONES, ATENCIÓN A:
- conductas irregulares de jóvenes y niños
- irregularidad en la asistencia
- decaimiento físico, presencia de cicatrices, enfermedades consistentes
- conducta errática, descontrol
- descuido en apariencia física
Fuente: César Rey
