“Cuando leo mi personalidad es una bomba de creatividad”
- Tatiana Pérez Rivera
- hace 1 minuto
- 7 min de lectura
La organización Tiempo de contar impactó a 13 niños y jóvenes oriundos de Loíza quienes descubrieron su gusto por la lectura. Ahora quieren más.

En un club de lectura tradicional, cada integrante vota por la lectura del mes, compran el libro y lo discuten una vez leído. ¿Qué pasa cuando sus miembros nunca han visitado una librería? Para ellos la iniciativa Personas lectoras, de la organización Tiempo de contar, creó una vivencia a la medida.
“Cuando desarrollamos este proyecto dijimos, ‘lo que hace falta es que ellos tengan la experiencia de ir a una librería’. Personas lectoras surge después de dos años haciendo un club de lectura de literatura infantil con adultos. Si nosotros queremos cambios con la niñez y la juventud en el país, tenemos que integrar a los adultos. Así que leíamos literatura infantil con adultos, una vez al mes, en la biblioteca del Municipio de Carolina, libre de costo. Nos llegaban muchos maestros, jubilados, estudiantes que les interesaba la literatura infantil. Empezamos a hacer tertulias literarias con ellos. Nosotros sabemos que el club de lectura es una experiencia bien poderosa y queríamos abrirla a niños y jóvenes”, explica Lusiann Iturbe, fundadora de Tiempo de contar.
“Para mí leer, ahora, es pasar un tiempo para aprender cosas nuevas. Antes yo lo veía como tarea de la escuela, para contestar preguntas, pero ahora lo veo como algo más entretenido". —Rachele Charles Álvarez, joven de Loíza participante de la experiencia de lectura colectiva
La organización puso la mira en trece participantes entre los 10 y 15 años y aprovechó la colaboración que mantienen con el proyecto Piñones aprende y emprende. “Los niños de allí saben qué es Tiempo de contar”, resume Iturbe.
Junio fue el mes seleccionado para poner en marcha el proyecto, Personas lectoras, aprovechando que los niños y jóvenes estarían en sus casas sin clases.
“Duró tres semanas, los veíamos martes, miércoles y jueves. Lo que nosotros queríamos generar era la experiencia de que ellos fueran los líderes del proceso de lectura, nosotros no les estábamos planteando qué ellos iban a leer, queríamos descubrir qué pasaba si ellos eran los que tomaban las decisiones”, describe la líder el proyecto que se extendió del 9 al 25 de junio.

El primer día se reunieron en el centro comunitario Emiliano Figueroa en Piñones donde exploraron el proceso de selección de libros. El segundo día acudieron a las librerías. Cada participante recibió un vale de $75 y debían hacer una lista de ocho libros que les interesaron luego de visitar Aparicio Distributors, en Bayamón, y Bajo un árbol de Carambola en :Pública, espacio situado en Santurce, librerías seleccionadas por la calidad y diversidad de su oferta literaria. Cada comercio se ocupó de la transacción y entrega de los libros. Esta edición de Personas lectoras contó con el apoyo de la organización estadounidense National Association of Latino Arts and Cultures (NALAC), de la Coalición Todos a Leer, la alianza con Piñones Aprende y Emprende, EDP University, y el respaldo de Seattle University, a través de la profesora puertorriqueña Carmen Medina. Literatura infantil, novelas gráficas y manga fueron los títulos favorecidos.
“Para algunos de ellos esta era la primera vez que visitaban una librería, otros nunca habían ido a una librería especializada en literatura infantil y juvenil. Después, como grupo, cada cual tenía que presentar un libro a los compañeros para que entre todos votaran cuáles leerían en el club de lectura. Te llevabas los libros que compraste para tu casa y leías cuantos tú quisieras, pero para que pudieran leer en conjunto se hizo ese proceso de votación. Se escogieron los libros y ya entonces en la segunda semana del club de lectura comenzamos el proceso de lectura de los libros en grupos pequeños, dividimos las 13 personas en tres grupos. En un grupo se leyó una novela gráfica de manga. En otro se leyó un libro que se llama El sostén de mamá y el otro grupo leyó Los pantalones de Luisa, que está basado en la vida de Luisa Capetillo”, detalla Iturbe.
Los participantes, explica la directora de Tiempo de contar, vivieron la experiencia de leer y conversar sobre los libros, “algo que no necesariamente es lo que pasa en los ambientes escolares”. Justo eso, a juzgar por las mediadoras de la organización, “se les hizo un poquito retante en las primeras conversaciones, porque su experiencia está en contestar preguntas, no en hablar”.
“A nosotros nos encantaría llevar Personas lectoras a otras comunidades. Este proyecto está dentro de una de nuestras áreas programáticas que son los procesos de mediación lectora en las comunidades. Una cosa es la promoción de lectura que yo puedo hacer, un día vamos a un parque o una feria, leemos un libro y los niños que estaban allí conocieron ese libro y ya. Pero la mediación lectora en contextos comunitarios, cuando tenemos personas expertas que prestan su conocimiento, pero también sus sentimientos y emociones para buscar el gusto del lector, logran conectar a los niños o al lector con los libros”, sostiene Iturbe sobre la iniciativa que, afirma, se realiza en múltiples países de Iberoamérica, “pues tiene un potencial mayor porque se generan lazos y hay un acompañamiento”.
Repetir la experiencia ya es un objetivo porque en Tiempo de contar aseguran que los participantes de la primera edición, “ya no son los mismos que entraron a Personas lectoras el 9 de junio”.
“La literatura transforma vidas y humaniza, pero también sabemos que tiene un gran impacto en ellos como lectores en su ambiente escolar. La autoestima y la manera en que ellos se vieron y como pudieron hablar de su experiencia en esa actividad final, yo sé que les crea un nuevo concepto de ellos como lectores, que es parte de lo que nos está afectando en los espacios escolares. Todo lo que nuestros niños regularmente escuchan es que ‘los niños no leen’ o que ‘no saben leer’, y eso crea un estigma negativo. Así que nosotros soñamos y queremos que más personas apoyen nuestra misión de poder llevar este tipo de experiencias. Lo mejor fue ver a los participantes florecer, ver lo orgullosos que se sentían de ellos mismos en el evento final. Sus recomendaciones fueron importantes”, confiesa Iturbe.
“Nosotros no podemos estar trabajando el supuesto problema de lectoescritura desde lo que nosotros creemos. Nosotros también tenemos que escucharles a ellos y ellos tienen que estar en el centro de la conversación”, insiste la líder.
CONTAR LO LEÍDO
Escritores, académicos y familiares de los trece participantes asistieron al cierre de la primera edición de Personas lectoras. Los libros leídos se expusieron en mesas y los jóvenes lectores respondieron preguntas. Dos de ellas, las loiceñas Rachele Charles Álvarez y Sara Sánchez hablaron con Oenegé.

Rachele, de 15 años, seleccionó El migrante, Polo, Las dos Fridas y el Fantasma de la ópera, entre sus lecturas. Afirma que además de apreciar la lectura por placer, le sorprendió su desempeño en la presentación final.
“Estaba bien nerviosa y no sabía si tenía que decir algo fluido o contestar ciertas preguntas y eso fue algo nuevo para mí. Me fue bien, me gustó mucho, y me divertí con mis compañeros. Descubrí que soy bastante sociable, que me gustan mucho los libros con ilustraciones y las novelas gráficas”, cuenta Rachele.
Entusiasta del arte, entre los libros seleccionados apreció uno sobre la vida del pintor estadounidense, Jackson Pollock, “porque nunca había escuchado de él”.
“Para mí leer, ahora, es pasar un tiempo para aprender cosas nuevas. Antes yo lo veía como tarea de la escuela, para contestar preguntas, pero ahora lo veo como algo más entretenido. Antes me describía que debía leer más porque pasaba más tiempo en el celular, o dibujando, o haciendo otras cosas, y ahora yo digo que leo mucho y que soy muy fluida para entender las cosas que están sucediendo en las ilustraciones y en el texto. En verdad cambia mucho el hábito, porque ahora uso menos el celular y leo más”, dice la quinceañera.
Al describir el acto de leer, la loiceña residente en Canóvanas, señala que “cuando paso la página y leo, mi mente se abre al libro y siento que estoy en él”.
“Cuando leo mi personalidad es una bomba de creatividad, dibujo mucho de las ilustraciones que veo. Esta experiencia se la recomiendo mucho a niños y a jóvenes, que pasen tiempo en los libros, que se diviertan mucho y que la pasen bien”, dice Rachele quien se aventuró a escribir el cuento “A Don Coquí no le gusta la fiesta”, para reflejar “los envejecientes de hoy en día en Puerto Rico cuando están solitos”.
En el caso de Sara, loiceña que vive en Luquillo, seleccionó como lecturas Hermanas, El Cuaderno Mágico de Eli, Magic Animals y Heartbreak Hotel, entre otros.
“Hay comedia y drama, los escogí por la portada, porque me llamaban la atención. Esos libros me encantaron, pude discutir algunos con mis compañeros. Fue algo nuevo y emocionante. Estuvimos juntos, discutimos varios libros y conversamos sobre ellos. Me sentía bien porque podía entenderlos, también las maestras nos entendían. Voy a seguir leyendo”, anticipa Sara, de 12 años.

La adolescente considera la lectura en Personas lectoras distinta a la de la escuela, “porque en la escuela no solemos discutirlos, no solemos entendernos tan bien con los libros. Fue una experiencia muy divertida, se las recomendaría, que pueden leer, pueden comprenderlos. Aún hay algunos libros que no he terminado, pero he visto que hay más libros de esos mismos autores, que después los puedo explorar. Mi abuela fue a leer conmigo, he visitado otras librerías con mi tía también”, comenta Sara.
Su recomendación durante el cierre de la iniciativa estuvo dirigida “a los maestros por el tipo de lectura que nos dan”. “Solemos nada más leerlas, hacer la tarea y ya. Creo que preferiría lecturas que sí nos puedan gustar y hablar sobre ellas”, finaliza Sara.
“¿Ves que no podemos rendirnos?”, culmina Iturbe, dichosa tras la conclusión del primer ciclo de Personas lectoras.
Conoce el calendario de eventos en www.tiempodecontar.org.
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