García Ramis: “Yo quería un tío Sergio espectacular”
La iniciativa, Club de lectura, del Museo de Arte Contemporáneo dedicó su junte de septiembre a revisitar el clásico, “Felices días, tío Sergio”, acompañado de su autora, Magali García Ramis.

“Préstenme sus oídos”, pidió el periodista y maestro de ceremonias, Víctor Ramos Rosado, a la audiencia que asistió a la segunda edición del Club de lectura del Museo de Arte Contemporáneo (MAC) en Santurce, donde se discutiría un clásico de la literatura de nuestro país, “Felices días, tío Sergio”, de la autora puertorriqueña Magali García Ramis. Entonces compartió en los altavoces la versión de Quique y Tomás de la danza “Felices días”, que tanto inspiró a la escritora mientras escribía el texto. “No volverán jamás, felices días de amor…”, se escuchaba en el patio interior del museo situado en la antigua Escuela Labra, donde todas las sillas estaban ocupadas por un atento público.
“Hubo un salto atrás ideológico, se puso de moda la avaricia. Ahora encuentro la novela demasiado política, pero era lo que estábamos viviendo”. —Magali García Ramis, escritora
De esa forma se ambientó la jornada celebrada el pasado 16 de septiembre, en la que se revisitaría la lectura que debutó en el 1986 y de la cual se han vendido más de 120,000 ejemplares. Participaron de la velada García Ramis, la escritora Ana Teresa Toro, y la crítica literaria, Xiomara Torres. La directora ejecutiva del MAC, Marianne Ramírez Aponte, compartió unas palabras de bienvenida a la segunda edición del proyecto cultural que abre las puertas del museo para servir a los entusiastas de la lectura.
“A Víctor le gusta la versión de Quique y Tomás de “Felices días” porque nunca ha escuchado la de Daniel Santos”, dijo para empezar García Ramis, provocando risas en la audiencia.

La escritora compartió el mundo en el que nació esa historia que han leído tantos alumnos del país gracias a maestras de Español comprometidas alrededor de la isla, según constó en testimonios compartidos a lo largo de la noche. “Felices días, tío Sergio” narra la despedida de la niñez de Lidia en el Santurce de mediados del siglo XX, así como el impacto en su noción de vida que tuvo el regreso a la casa del tío Sergio tras vivir por años en los Estados Unidos.
“La adultez es un engaño y Magali nos los dijo antes”, opinó Ramos Rosado, quien leyó la novela como estudiante de escuela superior en su natal Naranjito, “esta es una obra que ama a Puerto Rico y muestra sus contradicciones”.
“No era que mi mamá no fuera femenina, si no que le gustaba pararse como las garzas”, comenzó Ramos la narración de los primeros párrafos de la novela.
La autora destacó que la obra está ambientada en el Puerto Rico de los 1950 y 1960, fue pensada en los 1970 y escrita en los 1980.
“Todo eso está ahí”, dice sobre las costumbres, los dilemas políticos y culturales que marcaban al país y agrega que como joven de los 60 la consigna era cambiar el mundo, los 70 trajeron épocas sombrías de persecución política y en los 80 el bienestar económico se impuso como objetivo compartido en nuestra sociedad.
“Hubo un salto atrás ideológico, se puso de moda la avaricia. Ahora encuentro la novela demasiado política, pero era lo que estábamos viviendo”, reflexionó.
UN TÍO SERGIO INOLVIDABLE
Fanáticos de la novela han expresado a lo largo del tiempo su fascinación hacia el personaje de tío Sergio, que trae ternura al entorno de rigidez familiar de Lidia.
“Yo quería un tío Sergio espectacular. Quería que fuera una combinación de Pedro Albizu Campos, Pedro Navaja y Gregory Peck. Tuve que trabajar mucho para lograr un tío Sergio creíble”, confiesa su creadora.
Otro de sus empeños era trasladar la estructura musical de la danza “Felices días” a la novela. Consultó con un experto, el pianista clásico, Elías López Sobá, mas la idea no funcionó en la página. Lo que sí logró fue ajustar el inicio de cada parte de la novela para que su primera palabra fuera similar a la del comienzo de cada verso de la danza.
Los lectores que en todos estos años han creído que “Felices días, tío Sergio” es un texto autobiográfico están equivocados. “Esto no es una biografía, ese es “El libro de las tías”. Nunca tuve un tío germánico, nunca hubo un gato en mi casa, no fui huérfana de padre. A veces se me acercaban militantes del Partido Nacionalista a decirme que quisieran estrechar la mano de mi tío Sergio y les tenía que explicar que no existió”, cuenta.
Lidia, su hermano Andrés, y su primo Quique, crecieron en la novela jugando con naipes españoles y soldaditos americanos, compartían además el deseo de irse de Santurce a conocer el mundo.
Luego de esas descripciones iniciales, Ramos Rosado leyó más de la novela y detuvo la narración en el momento en que Lidia observa a tío Sergio bailar una danza con su madre, quien luego la invita para que aprenda.
“No, a mí me gusta el mambo”, se niega la niña antes de salir corriendo, traicionando su deseo de bailar con él.
Después tuvo lugar el conversatorio moderado por Torres, en el que participaron García Ramis y Toro.
Se destacó el rol de tío Sergio para que Lidia comprendiera que había un universo distinto fuera de su casa; cómo su ternura generó emociones en los lectores al tiempo que se mantuvo el enigma sobre su vida. García Ramis subrayó que dejó abierta las dudas sobre la identidad sexual del personaje para evitar que fuera encasillado y rechazado por las autoridades escolares en los 80.

Fue relevante mencionar además la riqueza del mundo infantil en el reducido espacio del hogar ficticio, en comparación con los tiempos actuales, y se aplaudió la honestidad del humor de Lidia, quien no tiene que someterse al escrutinio feroz de las redes sociales. La autora comparó las crianzas de hoy con las de su época.
“A nosotros no nos decían, ‘te quiero mucho’, a nosotros nos querían y pertenecíamos a un clan. A uno lo querían porque estaba allí y eso nos daba una seguridad tremenda”, puntualiza.
García Ramis confesó que el personaje del tío Sergio rinde homenaje a todos los amigos que le ensenaron “a ser puertorriqueña” y contó el riesgo que tomaban algunas personas por ondear la monoestrellada en el siglo XX. Relató un recuerdo de su infancia: “alguien” tenía una bandera de Puerto Rico frente a una casa en la calle Delicias en Santurce, ella la veía, pero nunca conoció a los habitantes. Poco después, el misterio dejó de serlo.
“Soy Aida Luz Gotay Colón, maestra de Español, y el señor que se atrevió a tener la bandera en su casa en la calle Delicias era mi abuelo, Modesto Gotay”, compartió una de las asistentes, para alegría de la autora, durante las intervenciones del público.
La velada termino como empezó, con música. En ocasión del próximo cumpleaños de García Ramis, fue sorprendida con un bizcocho y con una canción especial luego del consabido “Feliz cumpleaños feliz”. “En este día glorioso, lleno de recuerdos gratos, tus amigos te desean, felicidad en tu santo…”, cantaban los presentes la versión boricua de la felicitación.
Sigue pendiente del calendario del Club de Lectura del MAC para que enteres del próximo libro que se discutirá. https://www.museomac.org
Fotos / Suministradas / MAC




